Tuesday, October 8, 2013

With Pope Francis, the Third World has come to the Vatican

Leonardo Boff

29 September 2013

There is broad awareness of the many innovations that Pope Francis, the Bishop of Rome, as he likes to be called, has introduced in papal behavior and in his style of presiding over the Church, with tenderness, comprehension, dialogue and compassion. More than a few are perplexed, because they were accustomed to the classic style of the popes, forgetting that it is a style handed down from the pagan Roman emperors, from the name «Pope» to that richly adorned cape on their shoulders, the muceta, the symbol of absolute imperial power, which Francis promptly rejected.

We must remember once again that the present Pope comes from the periphery of the central European Church. He has a different ecclesiastical experience, with new customs and with a different way of experiencing the world and its contradictions. As he consciously expressed it in his lengthy interview with the Jesuit magazine, Civilta Catolica: «The young Churches have developed a synthesis of faith, culture and the life hereafter, which therefore is different from that developed by the older Churches». They are not characterized by change, but by stability and it is hard for them to incorporate new elements coming from the modern secular and democratic culture.

Here Pope Francis emphasizes the difference. He has the consciousness that he comes from a different manner of being Church, which has matured in the Third World. The Third World is characterized by profound social injustices, by the absurd number of favelas, shanty towns, that surround almost every city, by the always despised native cultures, and by the legacy of slavery shadowing the afro-descendants, who are subjected to great discrimination. The Church understands that, besides her specific religious mission, she cannot avoid her urgent social mission: to stand with the weak and oppressed, and to struggle for their liberation. In several gatherings the Bishops of the Latin-American and Caribbean continent, (CELAM), developed the preferential option for the poor in challenging their poverty, and the liberating evangelization.

Pope Francis comes from this ecclesiastical and cultural breeding ground. Here, in the Third World, these options, with their theological reflections, with their form of living the faith in community networks and with celebrations that incorporate the popular style of praying to God, are obvious matters. But they are not so for Christians of the old European Christianity, who are filled with traditions, theologies, cathedrals and a sense of the world impregnated with the Greek-Roman-Germanic culture in the articulation of the Christian message. Because the Pope comes from a Church that gave centrality to the poor, he first visited the refugees in the Isle of Lampedusa, continued with the Jesuit center in Rome, and then the unemployed in Corsica. It is natural for him, but it is almost a «scandal» for the Roman curia, and unprecedented to other European Christians. The option for the poor reaffirmed by the last Popes was purely rhetorical and conceptual. There was no real encounter with the poor and with those who suffer. Francis does exactly the opposite: the good news is affective and effective praxis.

Perhaps these words by Francis clarify his style of living and of seeing the mission of the Church: «I see the Church as a field hospital after a battle. It is useless to ask a gravely wounded soldier if his cholesterol and blood sugar are high. First the wounds must be healed, then we can talk of the rest». «The Church, --Pope Francis continues--, often focuses on small things, on petty precepts. The most important, much better, is to first announce: "Jesus saved you". For this, the ministers of the Church must in the first place be ministers of mercy. The structural and organizational reforms are secondary, that is, they come later. Therefore, the first reform must be the reform of attitude». «The ministers of the Gospel must be capable of warming people's hearts, of walking with them in the night, knowing how to dialogue, and also being able to enter their night, their obscurity, without getting lost». «The people of God –Pope Francis concludes– want pastors, not functionaries or clerics of the State». In Brazil, talking to the Bishops of Latin America, the Pope tasked them with forging a «revolution of tenderness».


Therefore, centrality is not given to doctrine and discipline, so dominant lately, but to humans, and their searches and inquires, be they believers or not, as Pope Francis showed in his dialogue with Eugenio Scalfari, the former editor of the Roman daily, La Repubblica, who himself is a non-believer. These are new winds that blow from the new peripheral Churches, touching the whole Church. Spring is really coming, filled with promises.

Free translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar,
done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.

Con el Papa Francisco, el Tercer Mundo en el Vaticano


Leonardo Boff


2013-09-29

Son conocidas las muchas innovaciones que el Papa Francisco, el obispo de Roma como le gusta que le llamen, ha introducido en los hábitos papales y en el estilo de presidir la Iglesia, en la ternura, la comprensión, el diálogo y la compasión. No son pocos los que están perplejos, porque estaban acostumbrados al estilo clásico de los papas, olvidando que es un estilo heredado de los emperadores romanos paganos, desde el nombre de «Papa» a esa capa sobre los hombros ricamente adornada, la muceta, símbolo el poder imperial absoluto, rechazada rápidamente por Francisco.

Hay que recordar una vez más que el actual Papa viene de la periferia de la Iglesia central europea. Tiene otra experiencia eclesial, con nuevas costumbres y otra forma de sentir el mundo con sus contradicciones. Conscientemente lo ha expresado en su larga entrevista a la revista jesuita Civiltà Católica: «Las Iglesias jóvenes desarrollan una síntesis de fe, cultura y vida en devenir, y por lo tanto diferente de la desarrollada por las Iglesias más antiguas». Éstas, no están marcadas por el cambio sino por la estabilidad y les cuesta incorporar nuevos elementos provenientes de la cultura moderna secular y democrática.

Aquí el Papa Francisco have hincapié en la diferencia. Tiene conciencia que viene de otra manera de ser Iglesia, madurada en el Tercer Mundo. Este se caracteriza por profundas injusticias sociales, por el número absurdo de favelas que rodean casi todas las ciudades, por las culturas autóctonas siempre despreciadas y por el legado de la esclavitud de los afrodescendientes, sometidos a grandes discriminaciones. La Iglesia entiende que, además de su misión religiosa específica, no puede eludir una misión social urgente: ponerse del lado de los débiles y de los oprimidos y luchar por su liberación. En varias reuniones los obispos continentales de América Latina y del Caribe (CELAM) maduraron la opción preferencial por los pobres contra su pobreza y la evangelización liberadora.

El Papa Francisco viene de este caldo eclesial y cultural. Aquí, estas opciones con sus reflexiones teológicas, con su forma de vivir la fe en redes de comunidades y con celebraciones que incorporan el estilo popular de orar a Dios, son cosas evidentes. Pero no lo son para los cristianos de la vieja cristiandad europea, llena de tradiciones, teologías, catedrales y un sentido del mundo impregnado de la cultura greco-romana- germánica en la articulación del mensaje cristiano. El Papa por venir de una Iglesia que dio centralidad a los pobres visitó primero a los primeros refugiados en la isla de Lampedusa, a continuación, en el centro de los jesuitas en Roma y luego a los desempleados en Córcega. Es natural para él, pero es casi un «escándalo» para la curia y sin precedentes para otros cristianos europeos. La opción por los pobres reafirmada por los últimos Papas era sólo retórica y conceptual. No había un encuentro real con los pobres y los que sufren. Francisco have exactamente lo contrario: el anuncio es práctica afectiva y efectiva.

Tal vez estas palabras de Francisco aclaren su manera de vivir y de ver la misión de la Iglesia: «Veo la Iglesia como un hospital de campaña después de una batalla. Es inútil ponerse a preguntar a un herido de gravedad si tiene el colesterol y la glucosa altos. Primero hay que curar las heridas, luego se puede hablar de lo demás». «La Iglesia –continúa– a veces se cierra en las pequeñas cosas, en pequeños preceptos. Lo más importante, más bien, es el anuncio primero: "Jesús te salvó". Por eso, los ministros de la Iglesia, en primer lugar, deben ser ministros de la misericordia y las reformas estructurales y de organización son secundarias, es decir, vienen después, por tanto la primera reforma debe ser la de la actitud». Los ministros del Evangelio deben ser capaces de calentar los corazones de las personas, caminando con ellas en la noche, saber dialogar y también entrar en la noche de ellas, en su oscuridad sin perderse». «El pueblo de Dios –concluye– quiere pastores y no funcionarios o clérigos de Estado». En Brasil, hablando a los obispos de América Latina les pidió hacer la «revolución de la ternura».


La centralidad, por lo tanto, no está ocupada por la doctrina y la disciplina, tan dominantes en los últimos tiempos, sino por la persona humana y en sus búsquedas e indagaciones, sea o no sea creyente, como lo demostró en el diálogo con el ex editor del diario romano La Repubblica, Eugenio Scalfari, una persona no creyente. Son nuevos aires que soplan desde las nuevas iglesias periféricas aireando toda la Iglesia. La primavera realmente está llegando, llena de promesas.


Wednesday, October 2, 2013

Carta Pública al Papa Francisco: una Asamblea por la vida en la Tierra


Carísimo Papa Francisco,

Nosotros, los cristianos abajo firmantes, así como personas de otras religiones y personas de buena voluntad, le dirigimos esta carta pública con una petición muy especial. Nos gustaría que Usted convocase un evento global, como una Asamblea, para la defensa de la vida en la Tierra.

Hoy la vida está herida de muerte por el hambre (900 millones de personas en el mundo), por la sed (1200 millones de personas no tienen agua limpia para beber todos los días y 2400 millones carecen de saneamiento básico), por las guerras, por la destrucción del medio ambiente (suelos, agua, biodiversidad, aire) y, sobre todo, se cierne sobre la humanidad y sobre todas las formas de vida la amenaza asombrosa de los cambios climáticos. Como dice el Documento de Aparecida, estamos atravesando no solo una época de cambio, sino un cambio de época (DAp 44). Una sociedad consumista y depredadora como la actual no es futuro para el conjunto de lahumanidad.

Cuando Dios creó el mundo entregó la Tierra a los hombres y mujeres para que nosotros “la cultivásemos y guardásemos” (Gen 2,15). Después del diluvio, cuando Noé salió del Arca con sus familiares y todos los animales que estaban en ella, Dios hizo con ellos una alianza primordial, diciendo: “por mi parte voy a establecer una alianza contigo y con tu descendencia, con todos los seres vivos que están con vosotros, aves, animales domésticos y salvajes, en fin, con todos los animales de la Tierra que salieron con vosotros del arca” (Gen 9, 9-10). El propio apóstol Pablo nos dice que “también la misma creación espera ser liberada de la esclavitud de la corrupción, en vista de la libertad que es la gloria de los hijos de Dios” (Rom 8, 21). Por tanto, Dios ama todo lo que ha creado y nos ha dado el mandamiento de cuidar de su creación.

Los pueblos tradicionales y originarios y, últimamente, los científicos han denunciado que todas las formas de vida corren peligro sobre la faz de la Tierra. Sin embargo, no existe una respuesta a la altura del desafío de este momento de la historia por parte del mundo político y económico. Como Usted mismo ha dicho, no podemos aceptar pasivamente la globalización de la indiferencia.

Usted tiene autoridad moral y espiritual ante toda la humanidad para convocarla a este urgente debate y aún más urgentes acciones. Le hacemos esta petición como una forma de contribuir a la efectividad de sus gestos, los cuales nos interpelan a una postura de cuidado y de protección de la vida amenazada. Gestos estos expresados en la ida a Lampedusa, en la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, en la visita a los inmigrantes en Italia, o en el ayuno contra las guerras. En caso de que usted convoque una Asamblea para defender la vida en su plenitud, no sólo para oír a los especialistas, sino también a los pueblos originarios impactados por la destrucción de su ambiente, a los afectados y refugiados por los cambios climáticos, a las víctimas del hambre y de la sed, ciertamente gran parte de la humanidad atenderá con prontitud este llamamiento.

Es lo que los abajo firmantes también esperamos. Con respeto y un abrazo fraterno, en el espíritu de san Francisco de Asís, en comunión con todas las formas de vida y toda la humanidad, confirmamos nuestra petición.

Brasilia-DF, 16 de septiembre de 2013


An Open Letter to Pope Francis: an Assembly for Life on Earth


Dearest Pope Francis,

We, the undersigned Christians, as well as persons of other religions and persons of good will, address this Open Letter to You, with a very special petition. We would like You to call a global event, such as an Assembly, in defense of life on Earth.

Today life is mortally wounded: by hunger (900 million people worldwide), by thirst (1200 million persons do not have clean water to drink every day, and 2400 million lack basic sanitation), by war, by the destruction of the environment (the soil, water, biodiversity, air) and, above all, humanity and all forms of life are threatened by astonishing climate changes. As the Aparecida Document says, we are experiencing not only an epoch of changes, but a change of epoch (DAp 44). A consumerist and predatory society such as at present holds no future for humanity as a whole.

When creating the world, God gave the Earth to men and women for us “to cultivate it and to guard it” (Gen 2,15). After the Flood, when Noah left the Ark with his family and all the animals that were there, God made with them a primordial alliance, saying: “For my part, I will establish a covenant with you, and with your descendents; with every living creature that is with you, with the birds, the domestic and wild animals. In sum, with all the animals of the Earth that leave the ark with you” (Gen 9, 9-10). Apostle Paul himself tells us that “creation itself awaits liberation from the bondage of corruption into the freedom that is the glory of the children of God” (Rom 8, 21). Thus, God loves all that God has created and has commanded us to care for this divine creation.

The traditional and original peoples and, lately, the scientists, have warned that all forms of life on the face of the Earth are in danger. Yet, there exists no response from the political and economic world that is equal to the challenge of this historical moment. As You, Yourself, have said, we cannot passively accept the globalization of indifference.

You have the moral and spiritual authority with all of humanity to call it to this urgent debate and even more urgently needed actions. We petition you as a means of contributing to the effectiveness of your gestures, which call us to care for and protect life under threat. You expressed these gestures on the way to Lampedusa, during the World Gathering of Youth in Brazil, in your visit with the immigrants in Italy, and in the fast against war. If You do call an Assembly to defend life in its plenitude, listen not only to the specialists, but also to the original peoples impacted by the destruction of their environment, to those affected by, and refugees from, climate change, to the victims of hunger and thirst. Certainly, a great part of humanity will promptly heed this call.

This is what we, the undersigned, also wish. With respect and a fraternal embrace, in the spirit of Saint Francis of Assisi, in communion with all forms of life and all of humanity, we confirm our petition.

Brasilia-DF, September 16, 2013
or,  directly in the link of  avaaz http://www.avaaz.org/po/petition/Convocacao_para_a_defesa_da_vida_na_Terra_Carta_Publica_ao_Papa_Francisco/?wjKSWdb

Monday, September 30, 2013

Desafío para el Papa Francisco: asumir plenamente la humanidad


2013-09-15

Como comentario a una entrevista que me hizo el periódico La Libre Belgique del 9 de agosto de 2013, un lector (Marc Den Doncker) escribió estas palabras que considero dignas de reflexión. Dice:

«El buen Papa Francisco anuncia francamente una revolución en la línea de una humanidad más plenamente humana. El papa dice: “si alguien es un homosexual que busca a Dios y es de buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?” Bien pudiera ser que, dentro de algún tiempo, el Papa exprese amor por una persona homosexual que no busca Dios, pero que a pesar de todo es alguien de buena voluntad. Ahí estaría la influencia del Espíritu Santo». Continúa el comentario:

«Bien pudiera ser que, dentro de algún tiempo, el buen papa Francisco reflexione muy en lo profundo de su corazón sobre una pobre mujer que se perfora con una aguja de tejer para librarse de un feto, fruto de un violento estupro, porque ya no aguanta más y se encuentra desesperada. Y que el buen Dios, en su infinita bondad, haga entender al buen Papa Francisco la situación desesperada de esta mujer que llena de profunda consternación desea morir. Bien pudiera ser que el buen Dios, en su infinita bondad, comprenda que una pareja que decidió no tener más hijos, utilice tranquilamente la píldora. Y bien pudiera ser que el buen Dios, en su infinita bondad, suscite la conciencia de que la mujer goza de la misma igualdad y dignidad que el hombre».

«Me desgarro interiormente –prosigue el comentarista– con la gran cantidad de hechos trágicos que la vida nos da día tras día. Ante esta situación real, ¿estaría la Iglesia dispuesta a deslizarse por un camino resbaladizo pero en dirección a una humanidad plenamente asumida, animada por el Espíritu Santo, que no tiene nada que ver con principios y casuismos que acaban matando el amor al prójimo? Es preciso esperar». Sí, llenos de confianza, esperaremos.

De hecho, no pocas autoridades eclesiásticas, papas, cardenales, obispos y curas, con dignas excepciones, perdieron, en gran parte, el buen sentido de las cosas; olvidaron la imagen del Dios de Jesucristo, al que llama dulcemente Abba, Papá querido. Ese Dios suyo mostró dimensiones maternas al esperar al hijo extraviado por el vicio, al buscar la moneda perdida en la casa, al recogernos a nosotros bajo sus alas como have la gallina con sus polluelos. Su característica principal es el amor incondicional y la misericordia sin límites pues “Él ama a los ingratos y malos y da el sol y la lluvia a buenos y a malos” como nos dicen los Evangelios.

Para Jesús no basta ser bueno como el hijo file que se quedó en la casa del padre y seguía todas sus órdenes. Tenemos que ser compasivos y misericordiosos con los que caen y quedan perdidos en el camino. Al único que Jesús criticó fue a ese hijo bueno pero que no tuvo compasión y no supo acoger a su hermano que estaba perdido y volvía a casa.

El Papa Francisco al hablar a los obispos en Río les encargó la «revolución de la ternura» y una capacidad ilimitada de comprensión y de misericordia.

Seguramente muchos obispos y curas deben estar en crisis, urgidos a enfrentarse a este desafío de la «revolución de la ternura». Deben cambiar radicalmente el estilo de relación con el pueblo: nada burocrático y frío, sino cálido, sencillo y lleno de cariño.

Este era el estilo del buen Papa Juan XXIII. Hay un hecho curioso que revela cómo entendía las doctrinas y la importancia del encuentro cordial con las personas. ¿Qué cuenta más: el amor o la ley? ¿Los dogmas o el encuentro cordial?

Giuseppe Alberigo, laico de Bologna, extremadamente erudito y comprometido con la renovación de la Iglesia, fue uno de los mayores historiadores del Concilio Vaticano II (1962-1965). Su gran mérito fue haber publicado una edición crítica de todos los textos doctrinales oficiales de los papas y de los concilios desde los principios del cristianismo: el Conciliorum Oecumenicorum Decreta. Él mismo cuenta en Il Corriere di Bologna que el 16 de junio de 1967 viajó orgulloso a Roma para hacer entrega solemne al Papa Juan XXIII del voluminoso libro. Juan XXIII gentilmente tomó el libro en sus manos, se sentó en la silla pontificia, colocó tranquilamente el volumen en el suelo y puso ambos pies encima del famoso volumen.

Es un acto simbólico. Está bien que haya doctrinas y dogmas, pero las doctrinas y dogmas existen para sostener la fe, no para inhibirla, ni para servir de instrumento de encuadramiento de todos o de condenación.

Bien pudiera ser que el buen Papa Francisco se animara a hacer algo parecido especialmente con referencia al Derecho Canónico y a otros textos oficiales del Magisterio que poco ayudan a los fieles. En primer lugar viene la fe, el amor, el encuentro espiritual y la creación de esperanza para una humanidad aturdida por tantas decepciones y crisis. Después, las doctrinas. Ojalá el buen Dios, en su infinita bondad, conduzca al Papa Francisco en esta dirección con valentía y sencillez.

(Para quienes quieran verificar la información anterior, dejo aquí la fuente de referencia: Alberto Melloni, Introducción al libro Ángelo Giuseppe Roncalli, Giovanni XXIII. Agende del Pontefice 1958-1963, Instituto per le Scienze Religiose, Bologna 1978, p. VII).

Leonardo Boff

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A challenge to Pope Francis: to embrace all of humanity


Leonardo Boff
Theologian-Philosopher
Earthcharter Commission

Commenting on the August 9, 2013, interview of me by the newspaper, La Libre Belgique, a reader, Marc Den Doncker, wrote these words, that I consider worthy of reflection.

Den Doncker says:

«Good Pope Francis frankly announces a revolution in humanity, towards one that is more plainly human. The Pope says: “if a homosexual seeks God and is of good will, who am I to judge him?” How good it would be if, some day, the Pope expressed love for a homosexual who did not seek God, but who was still a person of good will. In that the influence of the Holy Ghost would be seen».

The commentary continues:

«How good it would be if, over time, good Pope Francis were to reflect deep in his heart about a poor woman who pierces herself with a needle to free herself from a fetus, the result of a violent rape, because she cannot take it anymore and is desperate. And that a benevolent God, in infinity divine mercy, allows good Pope Francis to understand the desperate situation of this woman, who is filled of a profound consternation and wants to die. How fine it would be if that good God, in infinite divine goodness, understood that a couple who had decided not to have more children, simply used the pill. And how good it would be if that good God, in infinite kindness, elicited the consciousness that a woman and a man enjoy the same equality and dignity».

«I cry inside –the commentator continues– at the huge number of tragic events that life gives us day after day. Facing this reality, would the Church be willing to proceed along a slippery path, but one leading towards a humanity totally embraced, animated by the Holy Spirit, that has no relation to the principles and moral philosophies that end up killing the love for the other? It is important to wait». Yes, filled with confidence, let us wait.

In fact, not a few ecclesiastic authorities, popes, cardinals, bishops and curates, with dignified exceptions, have lost, in great part, the good meaning of things; they forgot the image of the God of Jesus Christ, to whom He sweetly calls, Abba, my beloved Father. That God of His showed maternal dimensions when he waited for the son, led astray by vice, when he looked for the coin lost in the house, when he gathered us under his wings, as the hen gathers her chicks. His main characteristic is unconditional love and limitless mercy, because “He loves the ungrateful and the bad and lets the sun shine and the rain fall on the good and the bad”, as the Gospels tell us.

To Jesus, it is not enough to be good, as the faithful son who stayed in his father's house and followed all his commands. We must be compassionate and merciful with those who fall, and are lost on the way. Jesus criticized only the good son, who lacked compassion, and did not know how to welcome his brother who had been lost and was now returning home.

Pope Francis, talking to the bishops in Rio de Janeiro, urged them to embrace the «revolution of tenderness» and an unlimited capacity for understanding and mercy.

Surely many bishops and curates must be in crisis, when urged to confront the challenge of the «revolution of tenderness». They must radically change the style of relating to the people: not bureaucratic and cold, but warm, simple and filled with affection.

This was the style of good Pope John XXIII. A curious occurrence reveals how he understood doctrine, and the importance of cordial encounters with people. What is more important: love or the law? The dogmas or the cordial encounters?

Giuseppe Alberigo, a layman from Bologna, extremely erudite and committed to the renewal of the Church, was one of the primary historians of Vatican Council II (1962-1965). His great merit is having published a critical edition of all the official doctrinal texts of the popes and the councils from the beginning of Christianity: the Conciliorum Oecumenicorum Decreta. He himself relates in Il Corriere di Bologna that on June 16, 1967, he proudly went to Rome to solemnly present to Pope John XXIII this voluminous book. John XXIII gently took it in his hands, sat in the pontifical chair, carefully placed the volume on the floor, and put both feet on top of the famous book.

It was a symbolic act. It is good that there are doctrines and dogmas, but they exist to sustain the faith. Doctrines and dogmas exist neither to inhibit faith, nor to serve as an instrument of limitation or of condemnation.

How fine it would be if good Pope Francis did something like that, especially with reference to Canon Law and other official texts of the Magisterium that are of little help to the faithful. In first place is found faith, love, spiritual encounter and the creation of hope for a humanity stunned by so many deceptions and crises. Then come doctrines. Let's hope the good God, in infinite kindness, leads Pope Francis in this direction with courage and simplicity.

(For those who want to verify the foregoing, the reference source is: Alberto Melloni, introduction to the book, Ángelo Giuseppe Roncalli, Giovanni XXIII. Agende del Pontefice 1958-1963, Instituto per le Scienze Religiose, Bologna 1978, p. VII).

Leonardo Boff
09-15-2013

Free translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar,
done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.


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Tuesday, June 25, 2013

Être radicalement pauvre pour être pleinement frère


Leonardo Boff

Une des premières paroles du Pape François a été : "Comme je souhaiterais une Église pauvre pour les pauvres." Cet objectif est conforme à l’esprit de Saint François, qu’on appelle le Poverello, le pauvre d’Assise. Il n’avait pas la prétention de diriger une Église pauvre pour les pauvres, car ce n’était pas possible dans le régime de chrétienté où l’Église avait tout le pouvoir, mais je pense qu’il a créé autour de lui un mouvement et une communauté de pauvres avec les pauvres et comme les pauvres.

En termes d’analyse de classes sociales, François appartenait à la bourgeoisie locale prospère. Son père était un riche marchand de tissus. Jeune homme, il menait avec ses amis une vie de bohème – une jeunesse dorée – ils passaient leur temps à faire la fête et à chanter les sirventès des troubadours du sud de la France. Adulte il a affronté une crise existentielle grave. C’est du dedans de cette crise qu’ont surgi en lui une compassion inexplicable et un amour pour les pauvres, en particulier les lépreux, totalement mis au ban de la société, chassés hors de la ville. Il a quitté l’entreprise familiale, a choisi la pauvreté évangélique radicale et est allé vivre avec les lépreux. Jésus pauvre et crucifié et les pauvres bien réels furent les mobiles de son changement de vie. Il a passé deux ans dans la prière et la pénitence, jusqu’à ce qu’il entende un appel intérieur du Crucifié : "François, va réparer mon Église en ruines".

Il était difficile de comprendre qu’il ne s’agissait pas d’une mission matérielle, mais d’une mission spirituelle. Il partit sur les routes prêchant l’Évangile dans les villages, dans la langue du peuple. Et il le faisait avec tant de joie, de "grâce" et de force de conviction que cela a fasciné certains de ses anciens compagnons. En 1209, il a obtenu que le pape Innocent III approuve sa "folie évangélique". Le mouvement franciscain démarrait et en moins de vingt ans il comptait plus de cinq mille disciples. Quatre axes structurent le mouvement : l’amour passionné pour le Christ crucifié, l’amour tendre et fraternel envers les pauvres, la "dame pauvreté", une vraie simplicité et une grande humilité.

Laissons de côté les autres points et essayons de comprendre comment François a vu et vécu avec les pauvres. Il n’a rien fait pour les pauvres (une léproserie ou des œuvres d’assistance), mais il a beaucoup fait avec les pauvres, car cela faisait partie de la prédication de l’Évangile et il était avec eux quand il le pouvait, mais il a fait plus : il a vécu comme les pauvres. Il assumait leur vie, leurs habits, la besace, il soignait leurs blessures et mangeait avec eux. C’était un pauvre parmi les pauvres. Et s’il trouvait quelqu’un de plus pauvre que lui, il lui donnait une partie de ses vêtements pour être vraiment le plus pauvre des pauvres.

La pauvreté n’est pas un manque, mais la capacité à donner et redonner encore jusqu’à se priver de tout. Ce n’est pas un chemin d’ascèse, mais le moyen pour parvenir à une excellence incomparable : l’identification avec le Christ pauvre et avec les pauvres avec qui établir une relation de fraternité.

François avait senti que les possessions se dressent entre les personnes, les empêchent de se regarder les yeux dans les yeux et de se parler de cœur à cœur. Il y a des intérêts qui s’insinuent entre (inter-esse)les personnes et qui créent des obstacles à la fraternité. La pauvreté est l’effort continu pour enlever les richesses et les intérêts de toute nature parce que c’est de là que viendra la véritable fraternité. Être radicalement pauvre pour être pleinement frère, c’est le projet de François, d’où l’importance de la pauvreté radicale.

Il est vrai que l’extrême pauvreté était pénible et dure à vivre. Personne ne vit seulement d’expérience mystique. L’existence dans un corps et dans le monde pose des exigences qui ne peuvent être truquées. Comment humaniser la déshumanisation réelle qu’est ce genre de pauvreté? Les sources de l’époque témoignent que les frères ressemblaient "à des hommes des bois (des sauvages), qu’ils mangeaient très peu, marchaient pieds nus et s’habillaient de guenilles". Mais à la surprise de tout le monde, qu’ils ne perdaient jamais la joie et la bonne humeur.

Dans ce contexte d’extrême pauvreté, François donne de la valeur à la fraternité. La pauvreté de chacun est un défi pour l’autre, pour s’occuper de lui et lui donner l’aumône ou de travail, le minimum nécessaire, lui donner un abri et la sécurité. C’est ainsi que ‘l’avoir’ est remplacé dans sa prétention à assurer la sécurité et l’humanisation. François veut que chaque frère assume vis-à-vis de l’autre la mission de mère, parce que les mères savent comment prendre soin des autres, en particulier des malades. Seule la prise en charge mutuelle humanise l’existence comme l'a démontré M. Heidegger dans Être et Temps.

Pour ceux qui vivent sans aucune protection, la fraternité signifiait tout en fait. Le biographe Thomas de Celano décrit le bonheur et la joie au cœur de l’extrême pauvreté. Il a écrit : "pleins de nostalgie, ils cherchaient à se rencontrer et ils étaient heureux quand ils pouvaient être ensemble, l’éloignement était douloureux, le départ amer, la séparation triste." Le dépouillement total les ouvrait à profiter des beautés du monde, non pas parce qu’ils voulaient les avoir, seulement pour les goûter.

De nombreuses leçons peuvent être tirées de cette aventure spirituelle. Tenons-nous en à l’une d’elles : pour François, les relations humaines doivent toujours être construites à partir de ceux qui ne sont pas et qui n’ont pas la vision des puissants. Ils doivent être embrassés comme des frères. Seule une fraternité qui vient d’en bas et à partir de là englobe tout le monde, est vraiment humaine et est durable. L’Église que nous avons aujourd’hui ne sera jamais comme les pauvres. Mais elle peut être pour et avec les pauvres, comme le rêve le Pape François.

14-06-2013

Leonardo Boff - Brésil)

Notes :
http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=569 traduction : P. Collet

Monday, June 24, 2013

Ser radicalmente pobre para ser plenamente hermano



2013-06-14

Una de las primeras cosas que dijo el Papa Francisco fue “cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”. Este objetivo está en consonancia con el espíritu de San Francisco, llamado el Poverello, el Pobrecito de Asís. Él no pretendió gestar una Iglesia pobre para los pobres, pues no era realizable bajo el régimen de cristiandad donde la Iglesia tenía todo el poder, pero creó en torno suyo un movimiento y una comunidad de pobres con los pobres y como los pobres.



En cuanto a la extracción de clase, Francisco pertenecía a la próspera burguesía local. Su padre era un rico comerciante de telas. De joven lideraba un grupo de amigos bohemios ̶ jeunesse dorée ̶ que vivía de fiesta en fiesta y cantaba a los juglares del sur de Francia. De adulto sufrió una fuerte crisis existencial. Desde dentro de esa crisis surgió en él una inexplicable misericordia y amor a los pobres, especialmente a los leprosos, incomunicados, en las afueras de la ciudad. Abandonó la familia y los negocios, asumió la pobreza evangélica radical y se fue a vivir con los leprosos. Jesús pobre y crucificado y los pobres reales fueron los móviles de su cambio de vida. Pasó dos años en oración y penitencia, hasta que interiormente escuchó una llamada del Crucificado: "Francisco, vete y repara mi Iglesia que está en ruinas".



Le costó entender que no se trataba de algo material, sino de una misión espiritual. Se fue por los caminos predicando en los burgos el evangelio en lengua popular. Y lo hacía con tanta alegría, "grazie" y fuerza de convicción que fascinó a algunos de sus antiguos compañeros. En 1209 consiguió que el Papa Inocencio III aprobase su "locura" evangélica. Comenzaba el movimiento franciscano que en menos de veinte años tendría más de cinco mil seguidores.

 Cuatro ejes estructuran el movimiento: el amor apasionado a Cristo crucificado, el amor tierno y fraterno a los pobres, la "señora dama pobreza", sencillez genuina y gran humildad.



Dejando a un lado los otros ejes, intentemos entender cómo Francisco vio y vivió con los pobres. No hizo nada para los pobres (algún lazareto u obra asistencial), pero hizo mucho por los pobres, pues los incluía en la predicación del evangelio y cuando podía estaba con ellos, pero hizo más: vivió como los pobres. Asumió su vida, sus costumbres, los besaba, limpiaba sus heridas y comía con ellos. Se hizo un pobre entre los pobres. Y si encontraba a alguien más pobre que él, le daba parte de su ropa para ser realmente el más pobres de los pobres.



La pobreza no consiste en no tener, sino en la capacidad de dar y volver a dar hasta expropiarse de todo. No es un camino ascético, sino la mediación para una excelencia incomparable: la identificación con Cristo pobre y con los pobres con los cuales estableció una relación de fraternidad.



Francisco había intuido que las posesiones se interponen entre las personas, impidiendo que se miren a los ojos y que el corazón hable al corazón. Los intereses son lo que se encuentra entre (inter-esse) las personas y lo que crea obstáculos a la fraternidad. La pobreza es el esfuerzo continuo para eliminar las posesiones e intereses de cualquier tipo para que de ahí resulte la fraternidad verdadera. Ser radicalmente pobre para ser plenamente hermano, este es el proyecto de Francisco, de ahí la importancia de la pobreza radical.



Cierto es que la pobreza así de extrema era pesada y dura. Nadie vive solo de mística. La existencia en el cuerpo y el mundo plantea demandas que no pueden ser falsificadas. ¿Cómo humanizar la deshumanización real que comporta este tipo de pobreza? Las fuentes de la época dan testimonio de que los hermanos parecían "homines silvestres (salvajes) que comen muy poco, van descalzos y visten con los peores vestidos". Pero, para sorpresa de todos, dicen que nunca pierden la alegría y el buen humor.



En este contexto de pobreza extrema Francisco da valor a la fraternidad. La pobreza de cada uno es un reto para el otro, para cuidar de él y proporcionarle, mediante la limosna o el trabajo, lo mínimo necesario, darle cobijo y seguridad. Con esto el tener es sustituido en su pretensión de dar seguridad y humanización. Francisco quiere que cada fraile cumpla con la misión de madre para con otro, ya que las madres saben cómo cuidar, especialmente a los enfermos. Sólo el cuidado recíproco humaniza la existencia como lo mostró M. Heidegger en su Ser y Tiempo. Para quienes vivían totalmente desprotegidos, la fraternidad significaba efectivamente todo. El biógrafo Tomás de Celano describe la alegría y el gozo en medio de su pobreza severa. Escribía: "llenos de saudades trataban de encontrarse y estaban felices cuando podían estar juntos, el alejamiento era doloroso, la partida amarga, la separación triste". El despojamiento total les abría al disfrute de las bellezas del mundo, pues no las querían tener, solo saborear. 



Muchas lecciones podrían extraerse de esta aventura espiritual. Quedémonos con una: para Francisco las relaciones humanas deben construirse siempre a partir de los que no son y no tienen la visión de los poderosos. Deben ser abrazados como hermanos. Sólo una fraternidad que viene desde abajo y desde ahí engloba a todos los demás, es verdaderamente humana y tiene sostenibilidad. La Iglesia, tal como la tenemos hoy, nunca será como los pobres. Pero puede ser para y con los pobres, como la sueña el Papa Francisco.

Leonardo Boff

To be radically poor so as to fully be a brother




Leonardo Boff
Theologian-Philosopher
Earthcharter Commission

One of the first things Pope Francis said was, “how I would like a Church that is poor, for the poor”. This idea is in consonance with the spirit of Saint Francis, called the Poverello, the Little Poor Man from Assisi. He did not attempt to create a poor Church for the poor, because this was not possible under the regime of Christianity, where the Church had all the power, but he created around himself a movement and a community of the poor, with the poor, living as the poor.



As to his class background, Francis came from the prosperous local bourgeoisie. His father was a rich cloth merchant. As a youth he led a group of bohemian friends ̶ jeunesse dorée ̶ who lived from feast to feast, and sang with the jugglers of Southern France. As an adult he endured a powerful existential crisis. From that crisis there arose within him an inexplicable mercy and love for the poor, especially for the lepers, the outcasts, outside the city. He abandoned his family and business, assuming an evangelical and radical poverty, and went to live with the lepers. Jesus, the poor and crucified one, and the real poor, were the reason for this change of life. He spent two years in prayer and penance, until he heard an inner call from the Crucified: "Francis, go and repair my Church; it is in ruins".



It was hard for him to understand that it was not about something material, but a spiritual mission. He traversed the pathways, preaching the Gospels in the hamlets in the popular tongue. And he did it with such joy, "grazie," and strength of conviction, that it fascinated some of his old companions. In 1209 he convinced Pope Innocence III to approve his Evangelical "madness". There began the Franciscan movement that in less than twenty years would have more than five thousand followers.

 Four central ideas underlay the movement: a passionate love for the crucified Christ; a tender and fraternal love for the poor, "dame lady poverty"; genuine simplicity, and great humility.



Leaving aside the other central ideas, let us try to understand how Francis saw and lived with the poor. He did nothing for the poor (a leper hospital or place of care), but he did much with the poor, because he included them in his preaching of the Gospels and stayed with them when he could. But he did more: he lived with the poor. Francis assumed their life, their customs, he kissed them, cleaned their wounds and ate with them. He made himself a poor man among the poor. And if he found someone poorer than himself, he would give him some of his clothes, so as to really be the poorest of the poor.



Poverty does not consist in not having anything, but in the capacity to give and give again until everything has been given away. It is not an ascetic path, but the means to an incomparable excellence: the identification with Christ the poor, and with the poor, with whom he established a fraternal relationship.



Francis had realized that possessions come between persons, such that they could not look into each other's eyes and speak heart to heart. Such interests are what lies (inter-esse) between persons and creates obstacles to fraternity. Poverty is the continuous effort to eliminate possessions and interests of any type, so that from there true fraternity may follow. To be radically poor in order to be fully a brother, that was the project of Francis, hence the importance of radical poverty.



It is true that such extreme poverty was heavy and harsh. No one lives on mysticism alone. Existence in the flesh and in the world make demands that can not be denied. How can one humanize the real dehumanization that this type of poverty entails? Sources from that time offer testimony that the brothers looked like "homines silvestres (savages) who eat very little, walk barefoot and wear the worst outfits". But, to everyone's surprise, they say that they never lacked joy and good humor.



In this context of extreme poverty Francis valued fraternity. The poverty of each one is a challenge for the other, to care for and provide the necessary minimum, shelter and security, for him/her, through handouts or work. In this way, giving security and humanization is substituted for having. Francis wanted each friar to fulfill the mission of mother towards the other, because mothers know how to care, especially for the infirm. Only reciprocal caring humanizes existence, as Martin Heidegger showed in his Being and Time. For those who lived totally unprotected, such fraternity in effect meant everything. Biographer

 Tommaso da Celano described the happiness and joy amidst this severe poverty. Da Celano would write: "filled of saudades, they tried to find each other, and were happy when they could be together; distance was painful, farewells were bitter, separation sad". Being totally distant opened for them the pleasures of the beauties of the world, because they did not want to possess them, only to enjoy them.

Many lessons could be taken from this spiritual adventure. Let's keep one: to Francis, building human relationships must always start with those who are not and do not have the vision of the powerful. They must be embraced as brothers and sisters. The only fraternity that is truly human and sustainable is that which comes from below and from there embraces all others. The Church, such as she exists now, will never be like the poor. But she can be for and with the poor, as Pope Francis dreams of her becoming.

Leonardo Boff
14 June 2013

Tuesday, June 18, 2013

La "tentación" de Francisco de Asís y la posible "tentación" de Francisco de Roma

2013-06-09

No imaginemos que los santos y santas están libres de las vicisitudes del común de la humanidad, que conoce momentos de alegría y frustración, tentaciones peligrosas y superaciones valerosas. No fue diferente en San Francisco, presentado como «el hermano siempre alegre», cortés, que vivía una fusión mística con todas las criaturas, a las que consideraba hermanos y hermanas. Pero, al mismo tiempo, era una persona de grandes pasiones e ira profunda cuando veía sus ideales traicionados por sus hermanos. Su mejor biógrafo, Tomás de Celano, describió con cruel realismo que Francisco sufría tentaciones de «violenta lujuria», que sabía sublimar simbólicamente.

Hay, sin embargo, un hecho que la historiografía piadosa del franciscanismo oculta, pero está bien documentado por la crítica histórica, y es conocido con el nombre de «la gran tentación». Los últimos 5 años de la vida de Francisco (muerto en 1226) estuvieron marcados por angustias profundas, casi desesperación, y enfermedades graves que lo afligían, como la malaria y la ceguera. El problema era objetivo: su ideal de vida era vivir en extrema pobreza extrema, sencillez radical y despojado de todo poder, apoyado sólo en el Evangelio leído sin interpretaciones que suelen desfibrar su sentido revolucionario.

Sucedió que en unos pocos años su estilo de vida cautivó a miles de seguidores, más de cinco mil. ¿Cómo albergarlos? ¿Cómo darles de comer? Muchos eran sacerdotes y teólogos como San Antonio. Su movimiento no tenía una estructura ni legalidad. Era un puro sueño tomado en serio. El mismo Francisco se entiende como un «novellus pazzus», como un «nuevo loco» que Dios quería en la Iglesia riquísima, gobernada por el Papa Inocencio III, el más poderoso de todos los papas de la historia.

A partir del verano de 1220 escribió varias versiones de una regla que todas fueron rechazadas por el conjunto de la fraternidad. Eran demasiado utópicas. Frustrado y sintiéndose inútil, decidió renunciar a la dirección del movimiento. Lleno de angustia y sin saber qué más hacer, se refugió en el bosque durante dos años, sólo visitado por su íntimo amigo fray León. Esperaba una iluminación divina que no venía. Entre tanto, se redactó una regla marcada por la influencia de la curia romana y del Papa que convirtió el movimiento en una orden religiosa: la Orden de los Frailes Menores, con estructura y propósitos definidos. Francisco, con dolor, la aceptó humildemente. Pero dejó claro que no la discutiría más sino dando ejemplos del primitivo sueño. La ley triunfó sobre la vida, el poder encorsetó el carisma. Pero quedó el espíritu de Francisco: de pobreza, de sencillez y de hermandad universal que nos inspiran hasta el día de hoy. Murió en medio de una gran frustración personal, pero sin perder la alegría. Murió cantando cantilenas de amor provenzales y salmos.

Francisco de Roma seguramente estará enfrentándose a su «gran tentación», no menor que la de Francisco de Asís. Tendrá que reformar la Curia romana, una institución que cuenta con cerca de mil años. Ahí está cristalizado el poder sagrado (sacra potestas) de forma administrativa. A fin de cuentas se trata de administrar una institución con una población como la de China: mil doscientos millones de católicos. Pero inmediatamente hay que advertir: donde hay poder difícilmente son posibles el amor y la misericordia. Es el imperio de la doctrina, el orden y la ley, que por su naturaleza incluyen o excluyen, aprueban o condenan.

Donde hay poder, sobre todo en una monarquía absoluta como el Estado Vaticano, siempre surge un anti-poder, intrigas, carrerismo y disputa por el poder. Thomas Hobbes en su famoso Leviatán (1651) lo vio claro: «no se puede garantizar el poder, sino buscando poder y más poder». Francisco de Roma, actual obispo local y Papa, debe interferir en ese poder, marcado por mil astucias y, a veces, por corrupción. Sabemos por los Papas anteriores que se propusieron reforma de la Curia, las resistencias y frustraciones que tuvieron que soportar, e incluso se sospecha de la eliminación física de algún Papa hecha por la gente de la administración eclesiástica. Francisco de Roma tiene el espíritu de Francisco de Asís: está por la pobreza, la sencillez y el despojamiento del poder. Pero afortunadamente es jesuita, con otra formación y dotado del famoso "discernimiento de espíritus", propio de la Orden. Manifiesta una ternura explícita en todo lo que have, pero también puede mostrar un vigor inusitado, como corresponde a un Papa con la misión de restaurar la Iglesia moralmente arruinada.

Francisco de Asís tenía pocos consejeros, soñadores como él, que no sabían cómo ayudarlo. Francisco de Roma se ha rodeado de consejeros elegidos de todos los continentes, personas de edad, es decir, con experiencia en el ejercicio del poder sagrado. Éste debería adquirir ahora otro perfil: más de servicio que de mando, más despojado que adornado de los símbolos del poder palaciego, más con "olor a oveja" que a perfume de las flores del altar. El portador del poder sagrado debe ser antes pastor que portador de la autoridad eclesiástica; presidir más en la caridad y menos con el derecho canónico, debe ser hermano entre sus hermanos, pero con diferentes responsabilidades.


¿Francisco de Roma soportará su «gran tentación» inspirado en su homónimo de Asís? Estimo que sabrá tener mano firme y no le faltará coraje para seguir lo que le dicte su "discernimiento de espíritu" para restaurar efectivamente la credibilidad de la Iglesia y devolver la fascinación por la figura de Jesús.

Leonardo Boff

The "temptation" of Francis of Assisi and the possible "temptation" of Francis of Rome

9 June 2013
Leonardo Boff
Theologian-Philosopher
Earthcharter Commission

Let us not imagine that saints are free from the vicissitudes common to human life, which includes moments of happiness and frustration, dangerous temptations and courageous stands. It was no different with Saint Francis, portrayed as «the always happy brother», courteous, who lived a mystical union with all creatures, whom he considered his brothers and sisters. But at the same time, he was a person of great passions and profound rage when he saw his ideals betrayed by his brothers. His foremost biographer, Friar Tommaso da Celano, described with cruel realism that Francis suffered temptations of «violent lust», that he knew how to symbolically sublimate.

There is, however, a fact that pious Franciscan historiography hides, but that is well documented by historical critique, and that is known as «the great temptation». The last five years of Francis' life (he died in 1226) were marked by deep anguish, almost desperation, and the grave illnesses that afflicted him, such as malaria and blindness. The problem was objective: his ideal of life was to live in extreme poverty and radical simplicity, divested of all power, and sustained only by the Gospel read to him without the interpretation that often shroud its revolutionary meaning.

As it happened, in a few years his lifestyle captivated thousands of followers, more than five thousand. How to shelter them? How to feed them? Many were priests and theologians, such as Saint Anthony. His movement had neither structure nor legality. It was purely a dream taken seriously. Francis understood himself as a «novellus pazzus», a «new madman» that God wanted for the very wealthy Church, led by Pope Innocence III, the most powerful of all popes throughout history.

Beginning in the Summer of 1220, he wrote several versions of a rule that were all rejected by the gatherings of the fraternity. They were too utopic. Frustrated and feeling useless, he decided to renounce leadership of the movement. Filled with anguish and without knowing what else to do, he found refuge in the woods for two years, visited only by his intimate friend friar Leo. He waited for a divine illumination that would not come. Meanwhile, a rule was drafted that was marked by the influence of the Roman Curia and the Pope, turning the movement into a religious order: the Order of Friars Minor, with defined structure and purposes. Francis, with pain, humbly accepted it. But he clearly stated that he would no longer discuss it, but would continue giving examples of the primitive dream. Law triumphed over life, power confined charisma. But the spirit of Francis remained: the spirit of poverty, of simplicity, of universal brotherhood that inspires us to this day. Francis died amidst great personal frustration, but without losing his happiness. He died singing Provencal songs of love and the psalms.

Francis of Rome will surely face his own «great temptation», no less than the one of Francis of Assisi. He has to reform the Roman Curia, an institution that is about one thousand years old. In it, the sacred power (sacra potestas) has fossilized into an administrative structure. At any rate, it is a question of administering an institution with a population as large as China's: one billion, two hundred million Catholics. But one must immediately be warned: it is difficult for love and mercy to co-exist with power. It is an empire of doctrine, law and order, that by its nature includes or excludes, approves or condemns.

Where there is power, above all in an absolutist monarchy such as the Vatican State, there always arise anti-power intrigues, career climbers, and power disputes. Thomas Hobbes in his famous Leviatan (1651) saw it clearly: «power can not be guaranteed other than by seeking more and more power». Francis of Rome, presently the local bishop and Pope, must intervene in that power, marked by a thousand tricks, and sometimes, by corruption. We know from previous Popes who also proposed to reform the Curia, the resistance and frustrations they had to endure, including suspicion of the physical elimination of a Pope by people of the ecclesiastic administration. Francis of Rome has the spirit of Francis of Assisi: he is for poverty, simplicity and relinquishing power. But fortunately, he is a Jesuit, with a different background, and endowed with the famous "discernment of spirits" of the Jesuit Order. Francis of Rome manifests an explicit tenderness in everything he does, but he can also show an unusual vigor, as befits a Pope with the mission of restoring the morally bankrupt Church.

Francis of Assisi had a few advisors, dreamers like himself, who did not know how to help him. Francis of Rome has surrounded himself with advisors chosen from every continent, persons of age, that is, with experience in the exercise of the sacred power. This Pope must acquire a different profile: one that is more nearly of service than command, more divested of than adorned with the symbols of palatial power, with more of the "flavor of the lamb" than the perfume of the flowers of the altar. The carrier of the sacred power must be a pastor before he is the carrier of ecclesiastic authority; he must preside more in charity and less with canonical right, he must be brother among his brothers, but with different responsibilities.


Will Francis of Rome face his «great temptation» inspired by his namesake of Assisi? I believe he will know how to have a firm hand and that he will not lack the courage to follow what his "discernment of spirit" dictates is necessary to effectively restore the credibility of the Church, and return the fascination with the figure of Jesus of Nazareth.

Leonardo Boff

Actualidad del espíritu de San Francisco

2013-06-07

Debido a que el actual Papa ha elegido el nombre de Francisco, mucha gente ha vuelto a interesarse por esta figura singular, tal vez una de las más luminosas que el cristianismo y el propio Occidente ha producido: Francisco de Asís. Algunos lo llaman el "último cristiano" o "el primero después del Único”, es decir, de Jesucristo.

Seguramente podemos decir que cuando el cardenal Bergoglio eligió este nombre quería indicar un proyecto de Iglesia en la línea del espíritu de san Francisco. Este era lo opuesto al proyecto de la Iglesia de su tiempo, que se expresaba por el poder temporal sobre casi toda Europa hasta Rusia, por inmensas catedrales, suntuosos palacios y grandiosas abadías. San Francisco optó por vivir el evangelio puro, literalmente, en la pobreza más extrema, con una sencillez casi ingenua, con una humildad que lo situaba junto a la Tierra, al mismo nivel de los más despreciados de la sociedad, viviendo entre los leprosos y comiendo con ellos en la misma escudilla. Nunca criticó al Papa o a Roma. Simplemente no siguió su ejemplo. Para aquel tipo de Iglesia y de sociedad confiesa explícitamente: “Yo quiero ser un novellus pazzus, un nuevo loco”: loco por Cristo pobre y por “la señora dama pobreza” como expresión de total libertad: nada ser, nada tener, nada poder, nada pretender. Se le atribuye esta frase: “deseo poco, y lo poco que deseo lo deseo poco”. En realidad no era nada. Se despojó de cualquier título. Se consideraba “estúpido, mezquino, miserable y vil".

Este camino espiritual fue vivido a duras penas, ya que cuantos más seguidores acudían, más se oponían a él, reclamando conventos, normas y estudios. Resistió como le fue posible, y al final tuvo que rendirse a la mediocridad y la lógica de las instituciones que presuponen reglas, orden y poder. Pero no renunció a su sueño. Frustrado, volvió a servir a los leprosos, dejando que su movimiento, contra su voluntad, fuese transformado en la Orden de los Frailes Menores.

La humildad ilimitada y la pobreza radical le permitieron una experiencia que viene al encuentro de nuestras preguntas: ¿es posible recuperar la atención y el respeto por la naturaleza? ¿Es posible una hermandad universal que incluya a todos, como él lo hizo: el sultán de Egipto que encontró en la cruzada, la banda de asaltantes, el feroz lobo de Gubbio y hasta la muerte?

Francisco mostró que esta posibilidad es realizable a través de una práctica vivida con sencillez y pasión. Al no poseer nada, mantuvo una interacción directa de convivencia y no de posesión, con cada ser de la creación. Al ser radicalmente humilde se situaba en la misma tierra (humus = humildad) y al pie de cada criatura, que consideraba su hermana. Se sintió hermano del agua, del fuego, de la alondra, de la nube, del sol y de cada persona que encontraba. Inauguró una fraternidad sin fronteras: hacia abajo con los últimos, hacia los lados con sus semejantes, independientemente de si eran papas o siervos, hacia arriba, con el sol, la luna y las estrellas. Todos son hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre de bondad.

La pobreza y la humildad así practicadas no tienen nada de santurronería. Suponen algo previo: el respeto sin restricciones a cada ser. Lleno de devoción, quita a la lombriz del camino para que no sea pisoteada, sujeta una rama rota para que se recupere, en invierno alimenta las abejas que revoloteaban perdidas. Se colocó en medio de las criaturas con profunda humildad, sintiéndose su hermano. Confraternizó con la "hermana y Madre Tierra". No negó el humus original y las raíces oscuras de donde venimos todos. Al renunciar a cualquier posesión de bienes, rechazando todo lo que podría ponerle por encima de otras personas y de las cosas, y poseerlas, se convirtió en hermano universal. Iba al encuentro de los otros con las manos vacías y el corazón puro, ofreciéndoles sólo cortesía, amistad, amor desinteresado, lleno de confianza y ternura.

La fraternidad universal surge cuando nos ponemos con gran humildad en el seno de la creación, respetando a cada ser y todas las formas de vida. Esta hermandad cósmica, fundada en el respeto ilimitado, es el requisito previo necesario para la fraternidad humana. Sin este respeto y esta fraternidad, difícilmente la Declaración de los Derechos Humanos será eficaz. Habrá siempre violaciones por razones étnicas, de género, de religión y otras.

Esta postura de fraternidad cósmica, asumida seriamente, puede animar nuestra preocupación ecológica de salvaguardia de cada especie, de cada animal y de cada planta, pues son nuestros hermanos y hermanas. Sin fraternidad real nunca llegaremos a formar la familia humana que habita la "hermana y Madre Tierra" con respeto y cuidado. Esta fraternidad demanda una inquebrantable paciencia, pero también contiene una gran promesa: es alcanzable. No estamos condenados a liberar a la bestia que habita en nosotros y que tomó forma en Videla, Pinochet, Fleury y otros cobardes torturadores.

Ojala el Papa Francisco de Roma en su práctica de pastor local y universal haga honor al nombre de Francisco y muestre la actualidad de los valores vividos por el fratello de Asís.

Leonardo Boff

The current relevance of the spirit of Saint Francis

Leonardo Boff
Theologian-Philosopher
Earthcharter Commission

Since the present Pope adopted the name of Francis, many people are interested again in this singular figure, perhaps one of the most luminous that Christianity and the West have produced: Francis of Assisi. Some call him "the last Christian" or "the first after the Unique," this is, after Jesus Christ.

We surely can say that when Cardinal Bergoglio took this name he was indicating that the Church would be in line with the spirit of Saint Francis. Saint Francis was the opposite of the tendency of the Church of his own time, that was expressed by temporal power over almost all of Europe, including Russia, by immense cathedrals, sumptuous palaces and grandiose abbeys. Saint Francis opted for living the pure gospel, literally, in the most extreme poverty, with an almost ingenuous simplicity, and a humility that kept him close to the Earth, at the level of the most despised of society, living among the lepers and eating with them from the same bowl. He never criticized the Pope or Rome. He simply did not follow their example. As to that type of Church and society he explicitly confessed: “I want to be a 'novellus pazzus', a new crazy one”: crazy for Christ the poor and for “the lady dame poverty” as an expression of total freedom: to be nothing, to have nothing, without power or pretense. This phrase is attributed to him: “I want little, and the little that I want I don't want very much.” In reality, it was nothing . He eschewed all titles, and considered himself, “stupid, small, miserable and low".

This spiritual journey was hard, since the more followers who came to him, the more they opposed him, demanding convents, norms and studies. He resisted as much as possible, but in the end he had to surrender to the mediocrity and the logic of the institutions that presuppose rules, order and power. But he did not renounce his dream. Frustrated, he went back to serve the lepers, allowing his movement, against his will, to slowly transform itself into the Order of Friars Minor.

This unlimited humility and radical poverty offered him an experience that leads to our questions: is it possible to regain the care and respect for nature? Is a universal brotherhood and sisterhood possible that includes all, as Francis of Assisi did: the sultan of Egypt he found in the crusade, the band of thieves, the ferocious wolf of Gubbio, and even death?

Francis showed that this is feasible through a life lived with simplicity and passion. Not possessing anything, he maintained a direct interaction of coexistence with, rather than possession of, every being of creation. Being radically humble he grounded himself in the very earth, (humus = humility) and on the side of every creature, that he considered his sister. He felt as if he were brother to the water, to the fire, the lark, the cloud, the sun and to every person he came across. He inaugurated a fraternity without borders: reaching the depths with the least, at the side of his fellow humans, whether popes or servants, and upwards with the sun, the moon and the stars. All are brothers and sisters, children of the same Father of goodness.

Poverty and humility thus practiced bear no trace of sanctimoniousness. They imply something previous: respect for every being without restriction. Filled with devotion, he moved the worm from the path so that it was not trampled, held a broken limb from a tree to heal itself, in the winter he fed the bees that flew about lost. He placed himself in the midst of the creatures with profound humility, feeling as if he were their brother. He fraternized with "sister and Mother Earth". He did not deny the original humus nor the obscure roots whence we come. By renouncing any possession of goods, rejecting all that could put him above, or possessing, other persons or things, he made himself into the universal brother. He would go to an encounter with others with empty hands and a pure hearth, offering them only courtesy, friendship, love without self-interest, full of confidence and tenderness.

Universal fraternity arises when we place ourselves with great humility in the womb of creation, respecting every being and all forms of life. This cosmic brotherhood, grounded in unlimited respect, is the necessary prerequisite for human fraternity. Without this respect and fraternity, the Human Rights Declaration will be hardly efficacious. There will always be violations for ethnic reasons, for reasons of gender, religion and others.

This posture of cosmic fraternity, seriously undertaken, can animate our ecological concern to safeguard every species, every animal and every plant, because they are our brothers and sisters. Without real fraternity we will never be able to form the human family that with respect and caring, inhabits "sister and Mother Earth". This fraternity demands an unlimited patience, but it also holds great promise: it is reachable. We are not condemned to set free the beast that inhabits us, and that took form in Videla, Pinochet, Fleury and other cowardly torturers.

We hope Pope Francis of Rome, in his practice of local and universal pastor, honors the name of Francis and shows the current relevancy of the values lived by the fratello from Assisi.

Leonardo Boff

Saturday, June 15, 2013

Agenda Latinoamericana 2014: "Libertad! Libertad!"


With thanks to Iglesia Descalza

Introduction

Dom Pedro Casaldaliga has just published his introduction to the 2014 edition of the Agenda Latinoamericana, which addresses the issue of freedom. We are pleased to bring it to you here in English. Previous issues of the Agenda are available on Servicios Koinoniaand the Agenda now has a Facebook page too!

With her earthy voice, echoing many ancestral voices, Mercedes Sosa offers us a deeply human invitation:

"Hermano, dame tu mano,
vamos juntos a buscar
una cosa pequeñita
que se llama libertad".

("Brother, give me your hand, let's go together to seek a tiny thing called freedom.")

Our 2014 Agenda welcomes the invitation by making freedom its subject and challenge.

Mercedes, with revolutionary tenderness, characterizes freedom as something tiny. What tininess! Tiny and grand, like the mystery of the freedom of every person and every people and all of human history. Tiny and tender as a fetus, as awesomely large as hate.

Oh, freedom, freedom! In your name, the most beautiful heroic actions have happened and the greatest iniquities have been committed. You are a banner of life and a banner of death.

In the Agenda, we touch on the subject of freedom in all its dimensions, seeking to know and experience complete freedom, which has many aspects, which is a gift and something to be won. It's in the anthems of all nations and in all anthologies. It's basic in all religions. Religion, ultimately, is the dialogue between two absolute freedoms -- God and the human being. In the Christian faith, specifically, we proclaim that Christ freed us so that we would be truly free. He assures us that "the truth shall make you free." To be free, to become free, to embrace freedom as a spiritual process and political experience is to make our humanity more and more humane. Knowing with a critical and self-critical spirit how many enemies beset our freedom. Just a game of justification takes us from freedom to licentiousness and that "tiny thing" dies, like a bird without wings, in our hearts, in our families, in our work, our citizenship, in our personal lives, and in our society. And suddenly we find ourselves slaves -- slaves to fear, to selfishness, to money, consumption, power...

We speak of liberty and we speak of liberation. Liberation cannot be sidestepped through spiritualism or disembodied personalism. Freedom is political; in our Agenda, it's political with that clear option that the Zapatistas advocate: "always from below and on the left."

True freedom is communitarian, an exercise in give and take relationships. I'm free if you're free. "There is no freedom without equality." Nor is there freedom without dignity, a dignity that's so often killed by ideologies and systems, a victim of individual or collective selfishness, but also victorious through exemplary acts of resistance that make a way from behind bars, through marginalization, torture, and censure. The list of martyrs to freedom is infinite.

On the occasion of the commemoration of the misnamed Discovery of America, the Agenda Latinoamericana y Mundial was born to stimulate alternative awareness and action. And this awareness and action would translate into service to the Great Causes, Our America, the Third World, the World. And in each Agenda, we go on highlighting the critical historical moment of those Great Causes. The signed texts are the responsibility of the author, but the whole Agendabrings together contentious burning issues, in a broadly ecumenical and macro-ecumenical spirit. By talking together again and again we become more humane. In going over the 22 editions of ourAgenda, it's comforting to see how this dialogue has taken effect and been updated, how grassroots activists, students and professors, politicians, pastoral agents, and community facilitators have come into the arena.

Mercedes' song asks us to "go together to seek" freedom and liberation. Let's stimulate the awareness that we bring and carry "a people in our voice" ("un pueblo en nuestra voz"). Let's not let "that tiny thing" that guarantees our dignity be snatched away from us. "Es nuestra tierra la que espera sin distancias ni fronteras" ("It's our land that awaits without distances or borders"). Against all tyrants, despite all empires, getting outraged every day and translating our outrage into unstoppable acts and processes.

Definitely:
Without fear of Freedom, which is the most dehumanizing fear.
Without fear of Freedom, that is, without fear of Life.

Wednesday, June 12, 2013

Fig leaf Christianity: Prisoners lacking conscience

A reflection by Camilla Gilmore

I sometimes read the comments on the National Catholic Reporter. It is a fascinatingly depressing exercise in raising ones blood pressure to its upper limits.

One commenter recently, a neo-con troll, ranted and railed against the evil of the LCWR (without ever substantiating allegations) based purely, it seemed, on the fact that the Magisterium didn’t like them and that was enough for him. He was assured in his right-ness and righteousness because he always aligned his opinion with that of the Catholic hierarchy. Any deviation, or questioning of the position of the Magisterium, was the sin of self idolisation and arrogance and it was his duty to bring this truth to the sinful and ignorant. The irony of his arrogant pronouncements was entirely lost on him. For someone who could quote encyclicles and cannon law, he seemed woefully ignorant of basic formative Catholic theology.

Even back in the earliest days of Christian theology, when systematic theology was in a stage so infantile as to be fetal, the primacy of conscience and the necessity of questions was recognised. The earliest church dedicated itself to holding important councils; Nicea, Chaldean, Alexandria, all these councils were held to decide exactly what was and wasn’t orthodoxy and what was and wasn’t heresy. And they did this through questioning, discussion and debate. Augustine had his “faith seeking understanding” that exhibited itself in his dialectic form of writing. Later, Aquinas and Kant spoke of the primacy of individual conscience, and the need for Christians to critically engage with their faith, if only to ensure that they were not being deceived or tempted by the Devil.

Catholics who suppose themselves to always to be correct as long as they align themselves with Vatican pronouncements are committing a far greater sin than self idolisation. In denying the primacy of their own conscience, they are denying the aspect of themselves that carries the image of God, and so are guilty of self-deicide. When they suppress the conscience in favour of conformity, when they demand uniformity over the unity that comes from free and open dialogue, they attack what is most unique and beautiful about humanity; our self reflective and self expressive conscience. They attack the very gift that God gave us that marked us as above the angels; free will. They deny the God of revelation, who continues to speak through the Holy Spirit; the God who is constantly revealing more and more about who God is. They deny the God of salvation history, who can continue to work within history today to address old and grievous social sins and injustices.

These neo-cons are prisoners to their own lack of conscience. Their entire notion of themselves as right and good is predicated in the opinions of others, and their own ability to align themselves to those opinions. They are cyphers; vampires that cast no reflection and whose entire identity would be lost were the Magisterium to do one of it’s rare and spectacular 180′s. They have created themselves on the shifting sand of human institution and fooled themselves, through historical revisionism and academic dishonesty, that they are surely founded upon an eternal rock of continuous truth. The only eternal foundation humanity has access to is its conscience. It is the conscience that is the mark of the image of God, and so it is the conscience, and the conscience alone that is eternal and absolute truth.

The denial of the primacy of conscience is often accompanied by the insistence on eternal, ethical, absolute truths; homosexuality is always and eternally “intrinsically disordered”, women are always and eternally barred from the Priesthood, contraceptives are always and eternally condemned. But if conscience is the eternal and absolute truth, as only conscience can be if it is in conscience that we find the image of God, then none of these external “absolute truths” can be absolute truths precisely because they are external and have nothing to do with the image of God and so cannot carry the mark of eternity.

Neo-cons need external absolute truths because they have severed themselves from the absolute truth within. They need the idols of external absolute truth because they have killed the internal absolute of conscience; they have killed the God within.

To live out the Gospel is not to recreate the social norms and biases of a bygone era in our own, modern world and call it eternal. To live the Gospel is to live in an ever shifting world where the only thing that can be relied on is the spark of the eternal within; the conscience. It is to live as the nuns do; to recognise that caring for and sheltering homeless LGBTQ youth is of more immediate importance than denouncing their sexuality as the Vatican would like them to do (particularly when the entire concept of sexuality as sinful is so theologically unsubstantiated and in need of free and open debate). To recognise that the time to condemn is not when a person is already on the floor, bent and broken. To recognise that their conscience demands more of them than the easy reaction of disgust and pontification and condemnation; it demands the absurd reaction of love and compassion and service. It demands the absurd conviction that the eternity of God is internally accessible to all us mere mortals, and the courage to trust that internal eternity even when the external “absolute and eternal truth” is diametrically opposed to the conclusions of ones conscience. It is all that is beautiful and unique within the human condition and evidence of Gods perverse sense of humour because, it would seem, the only eternal truth we have access to is the fact that we have access to the eternal truth, and beyond that we just need to have faith that we are getting it right and ask questions to make sure we don’t get it wrong.


Fig leaf Christianity: Prisoners lacking conscience (French)


Une réflexion de Camilla Gilmore

Il m’arrive de lire les commentaires [des lecteurs] sur le National Catholic Reporter[1]. C’est un entraînement à la déprime envoûtant dans sa manière de faire grimper la tension artérielle au plus haut.

Un commentateur récent, un gnome néoconservateur, déclamait des injures contre la calamité de la LCWR[2] (sans jamais donner corps à ses allégations) seulement fondées, semble-t-il, sur le fait que le Magistère n’aimait pas [les religieuses] et cela lui suffisait. Il avait l’assurance d’être dans le vrai et le juste parce qu’il alignait toujours son opinion sur celle de la hiérarchie catholique. Toute déviation, toute interrogation sur la position du Magistère était péché d’auto-idolâtrie et d’arrogance, et c’était son devoir de révéler cette vérité au pécheur, à l’ignorant. Le grotesque de sa déclaration arrogante lui échappait totalement. Pour quelqu’un qui pouvait citer les encycliques et le droit canon, il semblait dramatiquement dépourvu d’une formation de base de théologie catholique.

Même en remontant aux débuts de la théologie chrétienne, alors que la théologie systématique en était à un stade infantile, si bien que fœtal, la primauté de la conscience et la nécessité du questionnement étaient reconnues. L’église primitive s’adonnait à l’organisation d’importants conciles ; Nicée, Chaldée, Alexandrie, tous ces conciles se tinrent pour décider exactement de ce qui était ou n’était pas orthodoxie, de ce qui était ou n’était pas hérésie. Et ils le firent par le questionnement, la discussion et le débat. Augustin avait sa « compréhension en quête de foi » qui s’exprimait dans la forme dialectique de son écriture. Plus tard, Thomas d’Aquin et Kant ont parlé de la primauté de la conscience individuelle, et du besoin pour les Chrétiens de de débattre de façon critique avec leur foi, ne serait-ce que pour s’assurer qu’ils ne sont pas trompés ou tentés par le Démon.

Les Catholiques qui se voient toujours dans le droit chemin tant qu’ils s’alignent sur les déclarations du Vatican commettent un bien plus grand péché que l’auto-idolâtrie. En niant la primauté de leur propre conscience, ils nient la part d’eux-mêmes qui porte l’image de Dieu, et alors ils sont coupables de self-déicide. Quand ils annihilent la conscience au profit du conformisme, quand ils exigent que l’uniformité soit au-dessus de l’unité qui provient du dialogue libre et ouvert, ils attaquent ce qu’il y a de plus unique et le plus beau dans l’humanité : l’autonomie de notre conscience par la réflexion et l’expression. Ils attaquent le don même que Dieu nous fit qui nous mit au-dessus des anges : le libre arbitre. Ils nient le Dieu de la Révélation, qui continue à parler par l’Esprit Saint ; le Dieu qui nous révèle toujours plus qui est Dieu. Ils nient le Dieu de l’histoire du Salut, qui peut continuer à travailler au creux de l’histoire aujourd’hui pour s’attaquer à des fautes sociales et à des injustices anciennes et douloureuses.

Ces néoconservateurs sont prisonniers de leur propre manque de conscience. L’entière perception d’eux-mêmes comme justes et bons s’affirme dans l’opinion d’autres, et dans leur propre aptitude à s’aligner sur elle. Ils sont inexistants ; ce sont des vampires qui ne produisent aucune réflexion et dont l’identité s’évanouirait au cas où le Magistère se livrerait à l’une de ses rares et spectaculaires volte-face. Ils se sont créés sur les sables mouvants de l’institution humaine et ils en sont arrivés à croire, en passant par le révisionnisme historique et la malhonnêteté académique, qu’ils étaient établis sur un roc éternel de vérité permanente. Le seul fondement éternel auquel l’humanité ait accès, c’est sa conscience. C’est la conscience qui est la marque de l’image de Dieu, et donc c’est la conscience, et la conscience seule, qui est vérité éternelle et absolue.

Le refus de la primauté de la conscience s’accompagne souvent de l’affirmation de vérités éthiques éternelles et absolues ; l’homosexualité est toujours et pour l’éternité « intrinsèquement déséquilibrée », les femmes sont toujours et pour l’éternité interdites de sacerdoce, les contraceptifs sont toujours et pour l’éternité condamnés. Mais si la conscience est la vérité éternelle et absolue, comme seule la conscience peut l’être si c’est dans la conscience que nous trouvons l’image de Dieu, alors aucune de ces « vérités absolues » ne peut être vérité absolue précisément parce qu’elles sont extérieures et n’ont rien à voir avec l’image de Dieu, et donc ne peuvent porter la marque de l’éternité.

Les néoconservateurs ont besoin de vérités absolues extérieures parce qu’ils se sont coupés de la vérité absolue intérieure. Ils ont besoin des idoles de la vérité extérieure absolue parce qu’ils ont tué l’absolu intérieur de la conscience ; ils ont tué le Dieu intérieur.

Vivre en dehors de l’évangile revient à ne pas réinventer les normes et les préjugés sociaux d’une époque révolue au sein de la nôtre, le monde moderne, et la dire éternelle. Vivre l’évangile, c’est vivre dans un monde en transformation permanente où la seule chose à laquelle nous pouvons nous fier est l’étincelle d’éternité en nous ; la conscience. C’est vivre comme les religieuses [états-uniennes] ; reconnaître que s’occuper de la jeunesse LGBT sans domicile et l’abriter est d’une importance plus immédiate que dénoncer leur sexualité comme le Vatican voudrait qu’elles le fassent (notamment à un moment où tout le concept de sexualité comme péché se retrouve tellement sans fondement théologique et a besoin d’un débat libre et ouvert). Reconnaître que le temps de la condamnation ne se présente pas quand une personne est déjà à terre, courbée, brisée. Reconnaître que leur conscience exige davantage d’eux que de réagir par un dégoût facile, de pontifier et de condamner ; elle impose la réaction absurde de l’amour, de la compassion et du service. Elle impose la conviction absurde que l’éternité de Dieu est accessible intérieurement à nous tous simples mortels, et le courage de se fier à cette éternité intérieure même quand la « vérité absolue et éternelle » extérieure est diamétralement opposée aux conclusions de nos consciences. C’est tout ce qui est beau et unique au cœur de la condition humaine et du sens pervers de l’humour de Dieu, parce que l’on dirait que la seule vérité éternelle à laquelle nous ayons accès est le fait que nous ayons accès à la vérité éternelle, et, au-delà, nous avons juste besoin d’avoir foi dans la justesse de notre approche et de nous interroger pour nous assurer qu’elle n’est pas faussée.

Camilla Gilmore

Traduction 5 mai 2013 : Didier Vanhoutte

[1] Site catholique de langue anglaise critique à l’égard de l’institution catholique.

[2] Leadership Conference of Women Religious, vaste mouvement de religieuses états-uniennes en délicatesse avec Rome.

Saturday, May 25, 2013

Comunidades eclesiales de base(CEBS): lo innegociable

MARINS
Enviado a la página web de Redes Cristianas
Según las Asambleas de Medellín y Puebla, hay elementos de las CEBs que no se pueden negociar. Estamos, en efecto, delante de una opción teológico-pastoral tan importante como ha sido la que provocó el surgimiento de las parroquias, red de comunidades en la diócesis
ALTERNATIVA A LA TRADICIÓN EUROPEA
La Iglesia de América Latina y Caribe ha desarrollado una creatividad original a propósito de establecer su primera instancia eclesial comunitaria, diferente de la experiencia eclesial europea. Es diferencia que no significa inferioridad.
3. EL REINO ES LA META
Las CEBs no surgieron para renovar la parroquia. Ellas procuran leer e interpretar los signos de los tiempo, en la perspectiva de la Nueva Jerusalén – Reinado de Dios. Movidas por el Espíritu, participan del dinamismo de la encarnación y misión de Cristo, presentes y actuantes en el mundo, como señal e presencia de la Iglesia, de la cual son la menor expresión.
4. OTRO MODELO HISTÓRICO
Las CEBs han configurado un nivel eclesial menor que la parroquia, pero con igual responsabilidad de ser, como la parroquia por siglos ha sido, la “Koinonia” (Comunidad) de los bautizados de un área, pero en un modelo eclesial diferente, en línea de las Constituciones conciliares. La teología del Vaticano II fundamentó esta perspectiva (LG1 y 26) y las asambleas generales del episcopado así como las encíclicas papales, la han ratificado.
4. IGLESIA EN SEMILLA
Las CEBs son la propia Iglesia en semilla, en embrión. No una parte, sino un todo concentrado. No son un grupo específico para la catequesis, o la liturgia, o lo social, o lo político… Las CEBs, constituyendo una red de comunidades, forman la parroquia, en autonomía y comunión.
5. NADA DE ESCAPARATE
Como el “mysterion” de la Iglesia, las CEBs están siempre en camino. Es el que se suele resumir con tres palabras: “Si, todavía no”. En efecto, algunos aspectos de las CEBs todavía no fueron desarrollados completamente: como el de ser una comunidad eucarística, sin los ministerios ordenados propios. Otros aspectos ya han sido configurados claramente: como el compromiso misionero, la Iglesia en la cual los pobres son llamados a ser sujetos, el servicio a los más necesitados.
6. MYSTERION (SACRAMENTO) EN UN MODELO ORIGINAL
Las CEBs, por su naturaleza, se constituyen como el “Mysterion” o “sacramento”, en el sentido de LG 1. En eso son iguales a las parroquias. Pero son diferentes por el “modelo” eclesial y el método que usan (Ver, juzgar, actuar, evaluar, celebrar. La parroquia, en efecto, viene de la visión de la cristiandad tridentina (rural, clerical, territorial, pre-técnica…). Las CEBs buscan expresar la iglesia del Vaticano II, que a su vez retoma la visión de las primeras comunidades del Nuevo Testamento, centradas en la gente y no en el edificio. Los ministros son para servir a la comunidad (no lo contrario) y la comunidad es servidora del mundo (en función del Reino de Dios).
7. NO UNA MERA AYUDA; NO UNA CAPILLA
Las CEBs no son movimientos, asociaciones, fraternidades, orden tercera … que son dones particulares del Espírito (AYUDAS) en función de la vida y misión de la Iglesia. No se clasifican como “capillas”, estructura pastoral que han sido creado en el territorio parroquial, como lugares de culto e devociones, ocasionalmente espacio para el recibimiento de los sacramento (cuando de la visita de un ministro ordenado). Las capillas no forman un nuevo nivel de Iglesia. Ellas repiten el modelo parroquial (piramidal, patriarcal, etc.). Diferente de las CEBs, vienen desde la parroquia hacia las bases, como una estructura ya definida, para el atendimiento de los fieles.
8. “PEQUEÑAS COMUNIDADES ECLESIALES” – EL LIMBO DE LA PASTORAL
Las CEBs son constitucionalmente sinodales. Como los dedos de la mano, forman una red articulada (Parroquia). No son lo mismo que la sectorización parroquial, sugerida por el documento de Aparecida. Tampoco son las “pequeñas comunidades eclesiales”, que todavía están en una especie de “limbo” pastoral, desde que su identidad es demasiado genérica e imprecisa.
9. RED DE COMUNIDADES
La CEB no nace para renovar la parroquia, sino para colocar en práctica un nuevo modelo de Iglesia servidora, misionera y comunitaria. La perspectiva es de conformar una parroquia red de comunidades. No se trata de pensar en una CEB aislada, sino en un tejido, en un equipo, en una red.
10. COMUNIDADES EUCARÍSTICAS
Siendo las CEBs, comunidades Eucarísticas, necesitan contar con el correspondiente ministro, no solamente de manera ocasional, cuando un presbítero viene “visita-las”. Las limitaciones en esa materia se explican por la disciplina existente, pero no se justifica que esa situación persista para siempre.
11. LAS CEBS “NO SE CASAN”
Siendo la pequeña Iglesia, célula inicial de configuración eclesial (Medellín), las CEBs no pueden “casarse” con una teología, con un movimiento o congregación religiosa. No están en el escaparate parroquial para que sean escogidas según los gustos del clero y de los bautizados.
12. EL ABUSO NO EXCLUYE EL USO
Las limitaciones y fallas históricas de las CEBs no son razón para que sean proscriptas sin una seria revisión y ayuda adecuada y correcciones, cuando necesarias. También cardenales, obispos, presbíteros han sido, a lo largo de la historia y aún en nuestros tiempos, denunciados por escándalos gravísimos. No por eso la Iglesia abrió mano de esos ministerios.
Fuente: Red Mundial de comunidades